Felicidad R. Suero

LAS MIRADAS DE MARISA

Decía John Berger que la pintura es más directamente que cualquier otro arte, una afirmación de lo existente, del mundo físico al que ha sido lanzada la humanidad.

Al contemplar en conjunto la obra que nos trae Marisa no podemos por menos que reconocer todo ese mundo físico al que aludía Berger, pero también todo un mundo espiritual, inmaterial y de interpretación, que provoca y estimula nuestro espíritu y a veces, abre interrogantes a nuestra alma.

La exposición que nos presenta esta pintora madrileña de nacimiento y extremeña de corazón, es un resumen de sus inquietudes, de sus misterios, de sus miedos, de su propio pudor, que manifiesta a través de las diferentes miradas que componen la muestra. De estilo narrativo, aparentemente sencillo, pero de gran fuerza y expresividad, su figuración se nos aparece como una mezcla entre la representación real y la imaginada y así, su discurso narrativo se entremezcla con todo un mundo de simbolismos y alegorías, haciéndonos partícipes de esa versatilidad creadora que acompaña con una técnica impecable, fruto de ese espíritu emprendedor y perfeccionista que tanto le caracteriza.

Si como decía el gran paisajista chino del s. XVII Shitro, el pincel sirve para salvar las cosas del caos, Marisa consigue con sus pinceladas hacer una lectura ordenada y sincera de sus emociones e inquietudes.

Sin duda, de todo el conjunto sobresale de manera rotunda la serie de mujeres que ella misma ha denominado ¿Quiénes sómos?, formada por una decena de rostros anónimos que nos provocan una especie de sacudida interior. Si recorremos la exposición con la artista, ella nos va desvelando las historias de estas mujeres de lejanos países, unas veces son de amor, y muchas otras lo son de  abandono, soledad, tristeza. Pero es incluso más interesante no tener la información complementaria de cada una de ellas, y dejar que seamos nosotros los que vayamos construyendo sus propias  historias.

Rostros definidos, que parecen querer salir de sus formatos prisioneros, enmarcados dentro de masas de color que van definiendo las formas sin interferirse, sin perder nunca la identidad. Colores fuertes, brillantes, que alcanzan su cénit en  los ropajes de las mujeres. Otra vez de nuevo la figura femenina, pero ahora luciendo todo su esplendor en esos vestidos de estampados brillantes. Pinceladas resueltas a través de las cuales nos va mostrando la belleza de lo sutil, de los secreto, sumándonos así al pensamiento de Shitao cuando decía que la pincelada única es el origen de todas las cosas, la raíz de todos los fenómenos.

En contraposición con la potencia de la serie de mujeres, la artista nos trae otras más amables y relajantes, de fondos suaves, con clara evocación japonesa en sus paisajes, donde poder apreciar sus grandes dotes dibujísticas. Y por supuesto, algunas telas y camas desechas, definitorias en la trayectoria pictórica de la artista, que ha ido evolucionando hacia una pintura más social y comprometida, pero conservando ese intimismo y sutileza de sus obras anteriores.

He querido dejar para el final una serie de dibujos que Marisa define como “dibujos soñados”, y que han llamado extraordinariamente mi atención. Realizados en papel reciclado que impide correcciones posteriores, la artista ha ido plasmando de forma intuitiva toda una serie de composiciones geométricas, que a veces nos evocan arquitecturas imposibles y nos ayudan a la comprensión de ese mundo interior que compone su universo. Diferentes al resto de su obra, suponen un punto de inflexión en su trabajo, y producen un efecto multiplicador en sus miradas.

Felicidad Rodríguez Suero
Licenciada en Historia del Arte
Directora Gerente del Área de Cultura de la
Institución Cultural el Brocense