Francisco Pablos

Francisco Pablos.

Real Academia de Bellas Artes

Presentación de la exposición en el Club Finaciero de Vigo

Para Marisa Escudero Cuervas-Mons

Me agrada saludar a una gran pintora. Es muy agradable ver que no sólo dibuja bien.No se por qué los pintores cada vez más creen que basta con el talento y sobra el oficio. Yo creo que nunca sobra el oficio. Es más, creo que se debe empezar por él: lo importante de un artista es que empiece dibujando bien, sabiendo pintar bien, conociendo bien la cocina, y si además es artista, pies sobre ruedas. A lo largo de la historia del Arte no ha habido ningún artista que no supiera dibujar y pintar bien: Picasso dibujaba como Dios Bendito, a pesar de que hacia lo que le daba la gana; pero para deshacer hay que hacer primero.

Nombre nuevo en nuestra ciudad, aunque con un historial, tiene vinculación con Galicia, es de Madrid, vive en Extremadura, y tiene familia en Galicia: Un poco trotamundos, nos trae la frescura de su obra; una obra ciertamente intimista, fijaos bien que a veces no hay figura humana, pero cómo viven estas cosas, y si la figura humana está presente no se le ve el rostro. Es un poco no quererse mostrarse totalmente, y sin embargo cómo dicen estas cosas.

No se si alguno de ustedes ha tenido la ocasión de coger el objeto más común y más vulgar y mirarlo un rato intensamente, con atención, simplemente el que esta mas cercano, nuestra propia mano que estamos viendo constantemente. Vivimos de referencias, no de imágenes, y si nos fijamos en una de las uñas, por ejemplo, empezamos a ver una serie de cosas que nos sorprenden, porque normalmente tenemos la referencia, vivimos la imagen, todos creemos que nuestros ojos ven, pero es que codifican una referencia; cómo enfocar una cámara a cierta distancia. Por ejemplo, vemos por la calle a una persona y decimos: «mira, por allí va fulano.» Y es evidente que el ojo humano no tiene la capacidad de captar esa imagen, lo que ocurre es que tenemos codificadas unas referencias que nos permiten distinguirla por los gestos, por su andar, por la ropa, por rasgos que la definen. Pero está codificada previamente, porque, el más sensible de los objetivos de una cámara captaría sombras, captaría imprecisiones y no imágenes. De alguna manera este hito de intimidad, de los pequeños detalles, puede construir toda una historia.

Un paisano de donde vive la pintora, Fuente de Cantos, llamado Francisco Zurbarán, inventó una cosa que después todo el mundo haría: â»El Bodegón.» No la naturaleza muerta, «el Bodegón» propiamente dicho. Hasta ese momento, los cacharros están como fondo de un ambiente, del mismo modo que se inventó el paisaje, pues hasta entonces, están como fondo de un ambiente. Porque tampoco había naturalezas solas antes de Patinar.

Hasta que un día Zurbarán pensó que todos aquellos cacharros que se ponían como complemento, podían ser ellos solos una pintura y se le ocurrió poner cinco cacharros en una mesa y pintó «El Bodegón» que está en la colección del Museo del Prado.Inventó un género y elevó un simple cacharro a la categoría, a la excelentísima dignidad de «Señor cacharro». De alguna manera es lo que hace esta mujer, esta nuestra pintora; de la intimidad de los pequeños detalles toma algo que está en la casa de todos: Una sábana, una cama desecha, un trozo de una cama, no sé, una tela colgada de una cuerda común. Entonces comienza a enfatizar ¡la importancia del hecho mínimo!, Aquello que decía el escritor norte-americano que me gustaba tanto, Dillian Saroyam y que me encanta: â»Como una flor, como una rosa, como un cuchillo, como absolutamente nada en el mundo.»

Son todos estos detalles… Fijaos en ese bodegón. Son objetos comunes de la vida campesina, de la Extremadura donde vive, de cualquier lugar de Castilla, cómo un objeto común lo enfatiza y lo hace propio, de manera que a partir de ese momento esos objetos o esas sábanas nos parecen irrepetibles. Aquel rincón de la casa, aquella silla, aquel trozo de mueble, aquellos fragmentos de nada. Ya semeja que no pueden ser otro, solo será ese el único. Además lo común nos obsesiona, si miramos con atención esa sábana, esa rugosidad, ese leve tono azulado en el blanco, ese rosa que aparece, ese ser y no ser de una realidad común; ese ser y no ser es lo que termina emocionando. En definitiva, la pintura no es lo que se pinta, sino cómo se pinta. Que dibuja muy bien, nos lo demuestran las dos cabezas de negras, la habilidad manual de su lápiz; cualquiera de las figuras espléndidamente dibujadas, además tiene un misterio trascendido. Es muy difícil definirlo, tiene un no sé qué que nos inquieta. Si lo miran de una sola vez, de pasada, dirán: ¡qué bonito!, ¡que bien!, pero si lo miran con atención, uno a uno, los cuadros empezaran a preocuparles. Todo lo que les parece corriente: ¿quién es?, ¿qué hay detrás de ese rostro que no vemos? ¿Cómo sería el rostro de esa chica que está de espalda? ¿Por qué está en esa postura tan lánguida, que al mismo tiempo esta pesando a pesar de la sensación de levedad que nos inquieta?

Pensar que trabaja con una materia muy delgada, digamos que casi esfumada. No abusa de la cantidad de color, sin embargo hay una enorme fuerza, porque las figuras son rotundas, pesan por sí mismas, de una manera puramente intelectual, no física, de manera que estamos frente a una pintura muy bien elaborada, muy bien hecha, que yo alabo porque sencillamente me agrada ver que todavía hay alguien que le preocupa diciéndonos que es lo que sea: el último movimiento, la vanguardia, la ultima tontería. Naturalmente que hay genios y grandes talentos en la pintura contemporánea, pero cuando yo veo alguno que nos dan cuatro bombillas que ahora se encienden dos, después una y después ninguna, o sencillamente una maleta abierta o tres seguidas, una con piedras otra con un coche y otra con no sé qué, y quieren hacernos creer que es una cosa trascendente, yo lo siento, lamento que mi sensibilidad no llegue a tanto. A mi me gustan la tradición y la modernidad. Se puede hacer todo lo que se quiera pero partiendo de la tradición. Decía Eugenio d’Ors «que en Arte todo lo que no es tradición es plagio.» Y eso le ocurre a nuestra pintora: que ha aprendido en la tradición; ha crecido, ha visto mucho, ha mirado con atención, se ha enamorado de lo que hace. No se si pinta en silencio o con música muy suave, pero en definitiva todo con un bello color, No hay en esta pintura la estridencia. Si aquí, en este momento, no sé, hubiera una melodía, música de Wagner, me asustaría. Yo creo que es levedad, no séa,» algo, diríamos suave, Algo como Vivaldi. Está haciéndolo todo a medio tono, como si no quisiera gritar. Es un poco esa cancioncilla, aparentemente nada», que admiras tanto. Contaba Don Antonio Machado. Que después de muchos años de estar fuera de Sevilla, volvió a su pueblo natal, y cuando iba por el barrio de Triana vió a una chica de servicio que estaba sacando ropa por la ventana para airearla y la escuchó cantar como copla popular un poema suyo, y reflexionó: «que buen poeta debo ser cuando el pueblo ya me canta sin saber quien soy.» Lo mismo sucede con estos muebles, estas sábanas; ante los seres que están en estos cuadros. No sabemos quiénes son, pero nos gustaría llegar a saberlo porque nos inquietan.

Estas sábanas, estos muebles, no sabemos de dónde los ha sacado, se parecen tanto a los de nuestra casa, y sin embargo son únicos. A partir de ella, esta excelentísima sábana, este Señor cacharro, La Artista le da trascendencia a una pintura sentida, pero que es un poco como esas mujeres no aparentemente espectaculares, que no son modelos de desfiles, pero que al cabo del tiempo uno recuerda y no olvida, aunque no vea ninguno de sus precisos detalles. Decía Jorge Boummel un famoso dandi Ingles, considerado el más atractivo y elegante de su tiempo, que un Hombre verdaderamente elegante, era aquel que al salir de una reunión, todo el mundo hablaba de él, pero nadie era capaz de precisar cómo iba vestido. A lo mejor dentro de un rato salen ustedes de la exposición y no son capaces de recordar detalles concretos de cualquiera de estos cuadros, pero cada uno de ellos les inquietarán y sentirán las ganas de saber por qué les preocupa algo tan aparentemente anodino como es un objeto, una sábana o un trapo tendido.Y ésta es la verdad, mas el aderezo del misterio. Eso es lo que tiene esta mujer, que Dios se lo conserve porque realmente lo hace con una belleza infinita y además haciéndolo muy bien, con un excelente oficio sin alardes, sin necesidad de vanguardias efímeras, arrastrando la tradición viejísima de la gran pintura y haciendo realmente lo que siente con una sensibilidad femenina, y al mismo tiempo con firmeza.

Yo no creo en la pintura femenina, creo en la pintura sencillamente, la hagan mujeres u hombres. Naturalmente ha habido casos, como el de cierta gallega llamada «La vieja Maestra» bueno pues sencillamente a mí, la pintura femenina como tal no me dice nada. Tampoco la pintura solo bien hecha, «Creo en la pintura honradamente hecha y creo que aquí hay debajo un temperamento tímido. Si me lo dejáis decir con palabras de Garcilaso. «Un toque de dolorido y no sentir» que nunca le podréis quitar. Porque en el fondo, toda esta pintura que parece alegre, es justo, justo, melancólica, y hay de aquél que en su corazón no lleve un poquito de melancolía

Vigo 10 marzo de 2006